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domingo, 9 de junio de 2013

Suburbio


Flor de luna,
me sacaste un ojo
con tu soberbia impunidad.
Llovió esa noche,
no amanece,
no refresca.
Seguimos aquí sentados,
nulos,
con la sequía en el alma,
con las garras curvas
y con las siluetas desdibujadas.

Esperamos con ansias
la redención
de mis (tus) culpas.


El reloj camina cojo…

Cosmético


La incansable necesidad
de hacernos daño repentinamente,
solo avizora la inclemencia
con la que los orígenes vespertinos
de nuestra consciencia
nos alejaron de la verdad.

Somos lo que decidimos.
Punto.

Caminamos fuera del triángulo,
juntos nos largamos de todo,
así mismo, de la mano,
ahora caminamos en la brecha,
en esta zona primordial
que nos columpia.

Este caldo de cultivo,
seco como la noche,
nos abandona frente a los demonios.
Así también,
Frente al gendarme
que nos cerró la puerta,
que nos negó la oportunidad
de ser

uno con la sonrisa

Aqueronte

 Destierro, carne descompuesta
en sílabas y versos.

Por supuesto, endebles, inextricables,
enfermizos e inconsecuentes.
Y la luna cayéndose a pedazos,
y las lágrimas que lubrican el proceso.

Después, se queja el silencio.
Se tuerce entre tus sábanas aullando.
Y le prestas tu hombro para que llore,
esperando ansioso que por fin se calle.

En este punto es fácil seguir.
Es como andar en bicicleta.

Sangras y sangras por la pluma
tinta a borbotones
Te borras, te rayas, te tachas,
te corriges, te arrugas, te desechas.

Y las paredes se vuelven muy delgadas
se vuelven culpables directas.
Y los puños buscan acusados,
se quiebran a la par con los espectros.

Si no has mojado el panorama,
entonces falta todavía la ignominia

Embajador en tu propia trinchera,
cierras la boca con las moscas dentro.
Añoras el metal del tubo en tu sien
y la corbata de soga, que te quedará bien.

Te comiste ya tu propia sal a sorbos,
y tus entrañas son una masa que se parece a ti.
Empiezas ayer muchos días, pensando siempre
que mañana va ha estar aquí, sin este horrible hoy.

Sólo entonces te deja y se va,

el Spleen marcha a buscarte en otros cuerpos.

sábado, 8 de junio de 2013

Instante


Cuando sientes que tu humanidad,
se ve amenazada por la tendencia
que carga el ambiente de la vida terrenal,
y quieres deshacer el molde que te ata,

pero no puedes.

Cuando quieres sosegar la decencia,
que te han impregnado los saberes impropios,
y tu percepción se vuelve inútil,
patalea para no ahogarse en la espesa realidad,

que muere finalmente.

Cuando te ha agotado el exceso,
de tus propias distorsiones rebeldes,
y entiendes que estás ahí en medio de la nada,
con el destierro como la mejor compañía,

ese es el momento.

Es en ese instante,
cuando nace la poesía.


o, tan solo te volviste loco.